La otra vía

“Soy alguien dañino”, “no sé tener relaciones de pareja”, “soy un trabajador conflictivo”, “soy un mal amigo”… Y así mil.

No somos perfectos, ¡sorpresa!

Todos y absolutamente todos cometemos errores. Cometemos errores como amigos, como parejas, como familiares, como compañeros de trabajo… Sólo hay una forma de no cometer errores: morirte. Cuando te mueres tienes poco margen para equivocarte.

La clave de todo es cómo afrontar esos errores.

Es muy habitual encontrarse con personas que ante un error se varan en la fustigación propia: “es que soy un inútil”, ”yo no sirvo para esto”, “soy muy mala persona”

Esto es el VERDADERO y ÚNICO PROBLEMA: tratar a los errores como juicios finales en lugar de tratarlos como parte del camino.

Los errores son como esas bandas de seguridad que hay en las autopistas: te avisan de que no vas en el camino correcto, pero sólo para que puedas rectificar.

Hay que darse un poco de margen. Me explico.

Cuando te pasa algo de esto que dices “hostia que la he cagado”, pues bueno, está bien sentir esa punzadita de vergüenza/tristeza/sentirte-puta-basura por un momento. Digamos que está bien como alarma para la fase que debe venir justo a continuación, pero no para quedarse toda la vida con esa sensación.

Después debe venir calma y reflexión. “Oye, ¿qué he hecho mal?” “¿Debo pedirle perdón a alguien?”, “¿cómo puedo hacer para que no vuelva a pasar?”

En general: no alimentes a un problema con lágrimas, aliméntalo con soluciones.

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