El norte

Lo único que tienes al nacer es un libro en blanco y un entorno que te rodea.

Gente desconocida y normas que no conoces.

Tocas cosas que queman y lo apuntas en tu libro.

Escuchas sonidos que te hacen reír, también lo apuntas.

Poco a poco empiezas a darte cuenta de qué va el juego. Sigues probando y sigues apuntando.

¿Qué está bien? ¿Qué está mal?

¿Cómo debo ser? ¿Esto le hace daño a otras personas? ¿Qué me hace feliz a mí?

Te cruzas con más gente que también tiene libros a medio escribir. Las cosas que han escrito en su cuaderno son diferentes a las tuyas. Copias algunas de las suyas. Te copian alguna. Huyes de alguna persona al leer ciertas cosas de su libro. Te enamoras perdidamente al leer un libro.

Perdemos el norte cuando no sabemos qué queremos escribir en nuestro libro. Porque estamos pensando que no va a encajar con los libros de los demás. Porque no queremos escribir páginas que vayan a rechazar otros. Porque necesitamos la aceptación de todo el mundo.

Con el tiempo te das cuenta de que no existe un norte. No existe lo absolutamente bueno ni lo absolutamente malo. Que siempre vas a encontrar un libro que sea el contrario al tuyo. Y que el norte, el norte somos nosotros mismos.

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