Impulsos

Soy impulsivo, de toda la vida. De hecho, con lo impulsivo y nervioso que era de pequeño no hubiera juzgado a mis padres si me hubieran matado de un sillazo en la cabeza.

La cuestión es que se me juntan varias cosas:

  • Escucho a la gente
  • Tengo mucha empatía
  • Me dejo convencer con buenos argumentos
  • No soy cabezón
  • No me gusta perder el tiempo
  • Me gusta ser feliz

Este cóctel explosivo hace que cuando creo en algo me vuelva absolutamente loco hasta conseguirlo.

La verdad es que hasta ahora no me ha ido mal.

El problema viene cuando las cosas no son racionales. Cuando es algo no puedes decir “por esto, esto y esto seguro que es así”. Cuando tus argumentos son más de cosas sientes.

Pero coño, no cualquier sensación. Una sensación que te invade completamente. Algo que al pensarlo te hace jodidamente feliz. Algo que te hace saltar, gritar, bailar. Algo que no es racional.

Algo de lo que no te puedes fiar.

Y así estoy, desconfiando de lo que no es racional, intentando ser sensato y racional. Mientras algo está dentro de mí diciéndome que me equivoco.

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