Piedra, papel o eBook.

Acabo de pasar un rato increíble en una librería. Una de esas en las que casi no se ve la pared, los libros no están precisamente ordenados y los carteles de los géneros están hechos a mano.

Me compré un Kindle hace dos años. Me parecía un producto con muchas ventajas: no hay que cargar 50 kilos de libros en cada mudanza, no ocupa casi espacio, es muy cómodo para los viajes, es más ecológico… A día de hoy casi no lo uso. Sólo para textos de naturaleza digital, como pueden ser blogs o documentación técnica.

Creo que no soy el único que se compró un eBook y ahora no se acuerda ni dónde está. ¿Cuáles son los motivos de este fracaso?

En mi opinión, son varios:

 – Momento de elección: no hay punto de comparación entre escoger un libro en una librería y hacerlo online. El poder tener un visión global de la librería, ir acercándote según te parezca a zonas, mirar las portadas, ver el grosor, que alguien te interrumpa para decirte que te compres ese libro…

 – Relación con el libro: recuerdo muchos momentos de mi vida por los libros que me estaba leyendo en ese momento. Un libro te acompaña días, semanas o meses mientras lo lees. La relación que se puede crear con un libro especial es indescriptible. Releer un libro en el que habías hecho anotaciones y darte cuenta de tu evolución. O simplemente verlo en la estantería y soltar un suspiro.

 – Vida del libro: leer un libro que ha pertenecido a otra persona es una forma de estar conectado con la misma. Mis sobrinas leen libros que yo tuve en mis manos con tan solo 10 años, en mi cuarto de Vitoria. Ese libro tan especial que te ha dejado tu mejor amigo y que lees pensando en él o ella.

 – Las dedicatorias: lo mejor de un libro regalado. Es una reseña de alguien que te conoce, hecha especialmente para ti. Es algo que hace de cada libro algo único.

Yo seguiré leyendo mis blogs favoritos en mi Kindle, pero para todo lo demás, piedra o papel.

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